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INDUSTRIAS DE ALIMENTOS - NUTRICION

04 NUTRICIÓN

EL RENDIMIENTO ACADEMICO Y LA NUTRICION

Jesús Antonio Camarillo
Analista político - Mexico - Diario Digital Juárez.


En una de sus más recientes colaboraciones para el periódico El Universal, el conocido periodista Jacobo Zabludovsky difundió datos aportados por el Consejo Directivo de la Fundación UNAM presidida por el licenciado Rafael Moreno Valle, los cuales arrojan que en la máxima casa de estudios del país, hay 27 mil estudiantes desnutridos. Dichos datos fueron puestos en la mesa una vez que, a principios del año pasado –narra Zabludovsky en su artículo– el director de una de las facultades de la Universidad se percató de que aumentaba el número de estudiantes con bajas calificaciones por lo que el académico optó por poner a siete de ellos, seleccionados al azar, bajo el cuidado de un sicólogo y un grupo de maestros especiales que los atendieron en horarios fuera de la clase.

Después de seis meses, los siete alumnos realizaron sus exámenes ordinarios y sus calificaciones fueron similares a las que habían obtenido en ejercicios de evaluación anteriores. No se notó ningún avance. Pero la iniciativa del profesor estaba lejos de agotarse. Convocó a una reunión en la que además de los maestros se contó con la asistencia de una nutrióloga y en medio de una lluvia de propuestas se decidió someterlos a exámenes médicos. Pero además, algo que puede sonar tan simple: se les sometió a una dieta balanceada dirigida por profesionales. Y vaya sorpresa, para el siguiente periodo de exámenes todos, absolutamente todos, habían aumentado su rendimiento escolar.

Afirma Jacobo, quien también es miembro del Consejo Directivo de la Fundación UNAM, que el experimento se extendió a 30 jóvenes en situación similar: 27 subieron su calificación, 20 de los cuales en forma notable: de seis a ocho. Los resultados motivaron una investigación más a fondo sobre el contexto socioeconómico de los alumnos participantes en la muestra. Resultó que todos provenían de familias cuyos ingresos no rebasaban los tres salarios mínimos. Todos estaban desnutridos y muchos de ellos no desayunaban.

Al investigar a todos los alumnos de la facultad se encontró que el 10% padece de desnutrición y el director y los profesores coincidieron, dice Zabludovsky, en que es un desperdicio de recursos tratar de educar a desnutridos. Primero hay que darles de comer. A partir de aquí, la UNAM y la Fundación estarán trabajando en un programa que pretende abarcar escuela por escuela, facultad por facultad, y en el que la pretensión suena tan sencilla pero al mismo tiempo tan titánica: vencer el hambre para propiciar el aprendizaje. El legendario ex conductor del noticiero 24 Horas cierra su artículo así: “La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) será la primera universidad en el mundo que mediante el rescate físico eleve el nivel de aprovechamiento de sus 300 mil alumnos. Primer enemigo a vencer: el hambre”.

El artículo de Jacobo mueve a la reflexión. Y agradezco al colega y amigo Adrián Uribe que me haya puesto al tanto de su publicación. No descubre el hilo negro, pero pone de nuevo en el ojo de la opinión pública la relación entre nutrición y aprendizaje. El hambre dificulta el aprendizaje en todas las etapas de la vida. Y la etapa universitaria, no es la excepción. A veces, en las primarias o en las secundarias, se habla del hambre aunque sea de pasadita. No falta el profesor que se fija en que casi la totalidad de su grupo no puede, de plano, poner atención porque las tripas de los chiquillos no los dejan poner atención en la lección del día. De por sí, a la gente le da pena hablar del hambre, pero en esas escuelas de la periferia de Ciudad Juárez a veces un profesor antes de repetir las tablas, le pregunta a sus alumnos si desayunaron y los niños le contestan entre risas estoicas, a veces la verdad a veces la mentira.

En las universidades, en cambio, uno nunca habla del tema. Llegamos e impartimos nuestras materias con una asepsia casi total y nunca nos preguntamos si nuestros alumnos desayunaron antes de entrar a la clase. Reprobamos a nuestros alumnos pensando que son unos burros porque no entienden la teoría. Pensamos que todos o la mayoría, por ser ya todos unos adultos deben arreglárselas solitos. Que al cabo ya están grandecitos para trabajar. Nunca nos percatamos que el hambre y la necesidad caminan también en los pasillos de las universidades. En la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez he visto, en mis clases, sentada, mirándome fijamente, y quizá burlándose de mis desplantes, el hambre que se apodera de alguno de mis alumnos. Casi me dice “lo tengo” y yo no tengo otra opción más que voltear al pizarrón y escribir cualquier garabato. 

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ALIMENTOS BUENOS

La palta y las nueces ayudan a reducir el colesterol malo - Recomiendan consumir frutas, verduras y lácteos enriquecidos para evitar infartos. Hay que acompañar las dietas con actividad física. - Los alimentos funcionales son productos que actúan directamente sobre el colesterol y contribuyen en gran medida a reducir significativamente los valores lipídicos. Además, brindan un aporte nutricional adicional y previenen las enfermedades cardiovasculares.

“Es importante conocer y utilizar aquellos nutrientes o fitoquímicos que poseen efecto reductor del colesterol”, destacó Mónica Katz, especialista en nutrición y directora de la Carrera de Especialista en Nutrición de la Universidad Favaloro. “Los fitosteroles, que están presentes en las nueces, las paltas y en los productos lácteos enriquecidos disminuyen la absorción intestinal de colesterol, tanto de origen dietario como de origen endógeno (biliar)”, declaró la nutricionista. - Según el Instituto Nacional de Alimentos, se considera que un alimento es funcional cuando hay pruebas científicas que avalan que su consumo previene o resuelve determinados problemas de salud. Como ejemplo están los productos fortificados o enriquecidos, así como los alimentos libres de algún componente considerado nocivo.

Esto es muy importante en el control de la hipercolesterolemia, que origina el 33 % de las enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte mundial. “En nuestro país, el número aproximado de personas aparentemente sanas pero con elevadas cifras de colesterol es mayor al 30 %”, comentó Ricardo Iglesias, de la Sociedad Argentina de Cardiología.

“El tratamiento inicial se basa en cambiar el estilo de vida, combatir el sedentarismo y seguir una dieta saludable, rica en fibras, pobre en grasas, limitando la ingesta de azúcares refinados. Además, debe haber un amplio consumo de frutas, vegetales, granos enteros y pescado”, insistió el especialista.

“La utilización de dos o tres gramos de fitosteroles diarios reduce los valores de LDL aproximadamente en un 10 %. Existen nuevos productos que se toman una vez al día y que contienen la cantidad de fitosteroles necesaria para disminuir el colesterol”, anticipó Katz.

“Alimentación, actividad física y manejo de emociones y estrés son la base del control en enfermedades crónicas no transmisibles”, indicó la especialista. “Otra opción es la suma de alimentación optimizada más alimentos funcionales, es decir que los consumidores puedan obtener un beneficio adicional ingiriendo alimentos con agregados de sustancias bioactivas con propiedades especiales para la salud”, indicó. También existe la opción de recurrir a los fármacos reductores de colesterol. Fuente: La Gaceta Tucumán.

LA IMPORTANCIA DE LA FORMA DE COMER

Carolyn O'Neil /Cox News Service - El Universal
¿Crees que debes eliminar totalmente de tu dieta ciertos alimentos grasosos y dulces para evitar subir de peso? Tal vez no sea necesario. No importa tanto lo que comes sino la manera en que comes.

El sabio consejo de mamá de comer más despacio, tomar bocados más pequeños y dejar de engullir los alimentos, tiene ahora un mayor apoyo científico.

Un estudio de la Universidad de Rhode Island encontró que las mujeres consumen menos calorías y se sienten más satisfechas cuando comen más lentamente.

Los investigadores, que reportaron sus hallazgos en la revista de la Asociación Estadounidense de Nutrición, tienen la teoría de que un ritmo pausado en la comida envía al cuerpo señales naturales de estar satisfecho, sensación provocada por la distensión del estómago y por varias hormonas relacionadas con el apetito.

En conclusión: al comer más despacio las mujeres consumieron 70 calorías menos y también disfrutaron más la comida.

El que tu comida sea una carrera o un ritual es sólo una parte de un comportamiento alimenticio que podría estar provocando un importante impacto en tu consumo de alimentos.

He aquí algunas otras forma de comer que podrían estar influyendo en tu peso:

1. Masticar mecánicamente: puedes no darte cuenta de cuánto comiste si tomas directamente de la bolsa de papas o del paquete de galletas; lo mismo ocurre con los cacahuates. Cierto, estos últimos tienen grasas saludables para el corazón, pero disfruta un puñado, no un plato completo. Cuando vayas a algún lugar donde te pongan totopos, cuenta el equivalente a tres o cuatro tortillas y deja el resto a un lado. Utiliza la misma táctica con el pan.
Si tu restaurante favorito es famoso por servir porciones enormes, pide que te pongan la mitad para llevar antes de que te lleven el plato a la mesa, así no te verás tentada a comerte todo y tendrás el almuerzo para el siguiente día.

2. Demasiadas guarniciones: ya sea que se trate de un ensalada o una carne, con frecuencia son las guarniciones o los extras los que nos añaden peso. Cuida los pequeños extras que pueden añadirle enormes cantidades de calorías a tu plato, los cuales puedes evitar fácilmente. Limita los crutones, el tocino, el queso amarillo o los aderezos cremosos en las ensaladas. Disfruta un bistek pequeño sin salsa bernesa o sin aros de cebolla a un lado.

3. Botanas en porciones grandes: comer una botana entre comidas puede ser un hábito saludable si las consumes en porciones pequeñas. Disfrutar de una taza de helado durante un paseo vespertino está bien; devorar un tazón con una porción triple de helado y trocitos de dulce encima, no. Aplica lo mismo con las papas y galletas; elige los paquetes de 100 calorías y saboréalas lentamente.

4. Tomar en exceso bebidas dulces: tal vez lo que te está haciendo ganar peso sea el portavasos de tu auto. Cuida el consumo de refrescos, tés azucarados y bebidas de sabor y recuerda que la bebidas alcohólicas también tienen muchas calorías.

5. Derrochar a lo tonto: sé inteligente a la hora de comer eso que tanto ansías, ya sean galletas de chocolate, papas fritas o lasaña. Sé consciente de que te encantan ests alimentos y permítete disfrutarlos en porciones sensatas. Siente las texturas y huele su aroma para hacer que te sientas satisfecha con porciones más pequeñas.
Esto fue lo que hicieron las mujeres en el estudio llevado a cabo por la Universidad de Rhode Island, y les ayudó a sentirse más satisfechas con menos calorías. (Traducción: Gabriela Cornejo)

LA NUTRICIÓN Y LAS OLIMPIADAS

GIULIANA CHIAPPE - EL UNIVERSAL

Los carbohidratos ofrecen energía. La proteína, fuerza muscular. La combinación de ambos resulta en una estricta fórmula que los deportistas de alta competencia suelen utilizar con precisión química.

La base de la dieta deportiva son los carbohidratos pues aportan la energía que los impulsa. Las proteínas desarrollan músculo. La alimentación de un deportista depende de su nivel de competencia, si es de alto rendimiento o aficionado y de la disciplina que practique.

Gian Marco Gil, nutricionista de VWL Servicios Médicos y coach certificado del Triatlón de Estados Unidos, explica que la disciplina determina la composición de la fórmula nutricional de los atletas: "Un gimnasta, por ejemplo, necesita más fuerza muscular que un corredor de fondo o un maratonista, que requieren más resistencia. Incluso la contextura física entre ambos es distinta. El gimnasta tiene mayor masa muscular".

Por la característica del deporte que practica, el fondista requiere una dieta alta en carbohidratos para mantener elevados sus niveles de energía, a diferencia del gimnasta que es "más explosivo en sus rutinas por lo que no los necesita tanto". Refleja la diferencia en porcentajes: la mitad de la dieta de un gimnasta debería ser carbohidratos, mientras que la de un fondista debería ser 70%.

Las proteínas, aunque estén de moda, no deben ser la base de la dieta, ni siquiera en la de un deportista exigido. Gil explica que, en un maratonista, las proteínas deben conformar entre 15 y 20% de la nutrición total. Para deportistas con grandes exigencias musculares, no debería ser más de 30%.

El resto de la dieta, además de carbohidratos y proteínas, debería estar conformado por grasas, preferiblemente insaturadas o poliinsaturadas, que son las más saludables, contenidas en alimentos como frutos secos, aguacate o aceite de oliva.

La mesa de los nadadores depende de cuánto nadan. Si es un atleta de resistencia, que compite en pruebas de 800 y 1.500 metros, necesita más carbohidratos. Si es velocista, de cien o 200 metros, no requiere tantos. Pero si el mismo atleta presenta distintas pruebas -largas y cortas- en la misma jornada o en días consecutivos, necesitará energía extra para mantener su nivel al máximo. Dice Gil que esto lo logra consumiendo carbohidratos entre pruebas.

Según los kilos

Juan Pablo Vásquez, nutricionista deportivo, recomienda sacar cuentas según los kilos que pese un deportista, tanto de alta competencia como quien se entrena por recreación, es decir, hasta seis veces por semana durante media hora por vez.

Un deportista "recreativo", como lo define, debería consumir un aproximado de cuatro kilogramos de carbohidratos diarios por cada kilo que pese y un deportista de élite, entre siete y 10 gramos. Una persona totalmente sedentaria, no más de dos o tres. En el caso de las proteínas, un gramo por kilo es suficiente para alguien que no se realiza ningún tipo de ejercicio, para uno "recreativo", 1,2 gramos por kilo y para uno de alta competencia, 1,6.

Recomienda a los deportistas "nutrirse siempre tres veces al día más una o dos meriendas, consumir ensaladas dos veces al día y tres raciones de lácteos "incluso los que realizan pesas", monitorear su peso pues no deberían rebajar sin proponérselo, no recurrir a los suplementos "porque no los necesitan".

MITOS SOBRE LA NUTRICIÓN Y EL DEPORTE

1. Las vitaminas engordan
Esta idea no sólo es errónea, sino que carece de lógica. Las vitaminas no son nutrientes energéticos como los carbohidratos, proteínas o lípidos, por tanto no aportan calorías y no pueden engordar. Son indispensables para la vida porque intervienen en numerosas reacciones enzimáticas y son necesarias para el correcto funcionamiento de todos los sistemas. Comer variado y sano te garantiza que no te falte ninguna de ellas.

2. El colesterol es malo
Te lo dicen hasta tus sobrinos de cinco años, el colesterol es malo, no te comas ese chuletón, pero esto no es del todo cierto. El colesterol es una grasa necesaria para la vida, a partir del colesterol se forman los ácidos biliares, las hormonas sexuales, los corticoides, la vitamina D, etc. El 85% del colesterol se fabrica en el hígado de forma natural. El problema surge cuando aumentan las lipoproteínas de baja densidad o LDL, encargadas de transportar el colesterol desde el hígado a los tejidos donde se puede acumular en las paredes arteriales, provocando endurecimiento de los vasos sanguíneos. Esta situación, favorece la aparición de problemas graves. El colesterol realiza una función importante en nuestro cuerpo, no es malo. El abuso de grasas saturadas (carnes rojas, huevos y lácteos) es el responsable de la aparición de problemas cardiovasculares.

3. Los productos light adelgazan
Los productos sin grasa, ligeros o sin azúcar no tienen porque tener cero calorías. La mayoría de las veces, son alimentos muy calóricos rebajados, como la lasaña “ligera” que pasa de tener 400 kcal por ración a 320 kcal o los helados “de régimen” de 500 kcal a 240 kcal, no engordan tanto pero si quieres adelgazar son más recomendables las verduras, ensaladas, frutas o alimentos a la plancha, porque aún así lo light suele tener muchas calorías. Hay otros alimentos ligeros que presumen de tener 0 kilocalorías, pero no debemos abusar de ellos. En general, son ricos en sustancias químicas como los colorantes, conservantes, edulcorantes artificiales y potenciadores del sabor que no son nada aconsejables en una alimentación sana.

4. Hay que beber leche todos los días para que no te falte calcio
Es una idea popular que todos debemos beber leche. Sin embargo, son muchos los adultos a los que les resulta indigesta porque con los años se pierde la enzima lactasa, responsable de la digestión del azúcar lactosa y de su asimilación.

Es verdad que el calcio es un mineral clave, forma parte de los huesos, dientes y tendones, interviene en la contracción y relajación muscular de los huesos, en el ritmo cardiaco y la coagulación sanguínea. Es un mineral tan importante que cuando disminuyen los niveles de calcio en sangre, se ponen en marcha mecanismos para extraerlo de los huesos y mantener el equilibrio. Pero ahí va la bomba, hay más calcio en otros alimentos que en la leche: cien gramos de alga iziki aportan 1400 mg de calcio frente a los 120 mg de la leche de vaca. El queso manchego tiene 1200 mg, el sésamo tiene 783 mg de calcio, las sardinas en aceite 400 mg, el chocolate con leche 240 mg, las almendras 234 mg, la soja 200 mg y el pulpo 144 mg. Como puedes ver la leche no está en el top 10 del calcio.

5. Las espinacas tienen mucho hierro
Todos los niños han tenido que oír la famosa frase de las espinacas y Popeye, y resulta que todo proviene de un error. Las espinacas son una de las verduras con más hierro (3mg/100g), pero si de verdad te interesa aumentar tu dosis de hierro, más vale que tomes legumbres como lentejas (6,9mg/100g) o mejor aún pruebes el alga dulse, con 150mg de hierro, o wakame con 40mg por 100g. Si no eres vegetariano, un filete de hígado de cerdo te proporciona 20mg/100g y una ración de 100g de berberechos tienen 22mg de este mineral. Como puedes ver, hay que tomar muchas espinacas para asimilar cantidades apreciables de hierro, aparte de que tienen sustancias laxantes y quelantes que disminuyen la absorción de este mineral.

6. Dejar de comer adelgaza
El epitafio de la tumba de una anoréxica empieza con esta frase. Parece exagerado, pero en pequeña escala, hay muchas personas que piensan que si eliminan la cena o el desayuno perderán los kilos acumulados. Nada más lejos de la realidad, para adelgazar hay que hacer cinco comidas ligeras al día. Si eliminas una comida principal, el organismo lo interpreta como una situación de hambre o escasez y se prepara para guardar reservas de grasa en previsión de una época de vacas flacas, haciéndose más económico. Así que el hambre no sólo no adelgaza, puede llegar a engordar.

7. Las dietas cambian el metabolismo
Es una idea falsa muy extendida. Parece que el metabolismo fuera el coche que, en algunas personas es un veloz deportivo y en otras un lento “seiscientos”. La verdad es que no es tan simple como parece, la facilidad para quemar calorías con más eficacia depende de muchos factores como genética, edad, peso, sexo y alimentación. El metabolismo no cambia, pero estos factores varían constantemente, empezando por la edad y terminando por los alimentos que hemos comido ese día. En general ponerte a dieta disminuye la tasa metabólica (gasto), al bajar el peso en kilos y disminuir las necesidades de calorías. En cambio, el ejercicio aumenta la tasa metabólica al incrementar el porcentaje de masa muscular que consume más energía en reposo. Ninguna dieta milagrosa cambia tu metabolismo, lo que cambian son tus hábitos y circunstancias.

8. La pasta engorda
La pasta es un producto derivado de los cereales con 340-360 kcal por 100g, de las cuales sólo el 1% es grasa y el 75% corresponde a carbohidratos de lenta asimilación. Por lo que puedes ver, no es un alimento calórico en exceso y en cambio proporciona energía para funcionar además de vitaminas del grupo B. La fama de alimento calórico se debe a las salsas con las que se acompaña un plato de pasta que tienen un alto porcentaje de grasas y calorías. Fíjate, un plato de pasta boloñesa con dos cucharadas grandes de salsa aumenta 300 kcal extra a tu ración y si eliges salsa cuatro quesos, suma 450 kcal más, mientras que la carbonara aporta 460 kcal al plato. En cambio, si acompañas la pasta con salsa de tomate casera sólo le añades 100 kcal más, o si la tomas al aglio aportarás sólo 150 kcal más.

9. El agua en las comidas engorda
El agua no tiene calorías por lo que es imposible que te haga aumentar de peso, independientemente del momento en que se tome. Parece que algunas personas con tendencia a retener fluidos, tienen problemas de digestión y eliminación del agua cuando la toman junto a otros alimentos, pero no hay estudios científicos que lo demuestren.

10. La fruta no se debe tomar después de comer
En España la fruta se toma como postre de forma tradicional, al contrario que en otros lugares del mundo donde es un aperitivo o un tentempié entre horas. La dieta naturista argumenta que la fruta debe tomarse sola por ser un alimento que se absorbe rápidamente y al tomarse después de una comida copiosa, pasa más tiempo en contacto con los jugos del estómago y puede perder vitaminas y minerales o que los azúcares de la fruta se fermenten. Tiene una explicación lógica, pero también es verdad que la dieta mediterránea se compone de alimentos ligeros que se toman crudos (ensaladas) o poco cocinados (al vapor, al horno o a la plancha) que no interfieren con la fruta si ésta se toma después de cada comida.

11. Las legumbres son alimentos indigestos
El cocido, la fabada, las lentejas, etc. son comidas tradicionales de la dieta española y cada vez hay más datos científicos que demuestran que son una fuente de vitaminas y minerales que protegen de las enfermedades cardiovasculares. Al contrario de lo que piensa la mayoría, no engordan. Las legumbres contienen un 50% de carbohidratos complejos, junto a un 30% de proteínas vegetales y muy poca grasa (1%). Son alimentos muy sanos para los deportistas y su fama de indigestos y flatulentos se debe a que suelen cocinarse con alimentos muy grasos (chorizo, tocino, morcilla, etc.) o se toman junto a un primer plato. Prueba a cocinarlas solas como plato principal (en ensalada fría están muy buenas) después de haberlas dejado en remojo durante toda la noche, para que resulten más fáciles de digerir.

12. La vitamina C cura los resfriados
La vitamina C parece la panacea de todos los males. Ciertas son muchas las propiedades que se le atribuyen, como que interviene en la síntesis de colágeno, disminuye la inflamación y favorece la cicatrización. Se la asocia al sistema inmune y se la atribuyen propiedades antiinfecciosas, aunque hasta la fecha no hay ningún estudio que demuestre que altas dosis de vitamina C puedan prevenir los resfriados. Hay que tener cuidado porque dosis mayores de 1g al día pueden acelerar la formación de cálculos renales.

13. El atún aumenta la masa muscular
Junto al carnet de socio de un gimnasio, parece que te dan una lata de atún. Los amantes del músculo parecen auténticos gurús de la alimentación deportiva. Su objetivo es la búsqueda de alimentos ricos en proteínas y pobres en grasa para potenciar la ganancia de “kilos limpios”, es decir, de músculo. El atún se ha puesto de moda por ser un alimento rico en proteínas de alto valor biológico (94) y pobre en grasas, siendo estas del tipo omega-3, que actúan protegiendo de las enfermedades cardiovasculares y las articulaciones. Pero no hay que ser muy listo para saber que por muchos atunes que pongas en tu mesa no vas a conseguir el cuerpo de Arnold Schwarzenegger. El músculo se hace en el gimnasio, sudando duro.

14. El apio adelgaza
Salvo el agua, ningún alimento tiene 0 kilocalorías o kilocalorías negativas. El apio tiene fama adelganzante porque tiene muy pocas calorías (16 kcal), un alto contenido de potasio (diurético) y una gran cantidad de fibra (1,7 g). Aporta muy poca energía y requiere un gran gasto para ser digerido. No es que adelgace, pero se gasta más en consumirlo que otro alimento normal y aporta un número bajo de calorías.

15. Las zanahorias agudizan la visión
El color naranja de las zanahorias se debe al alto contenido de betacarotenos, precursores de la vitamina A, necesaria para fabricar el pigmento rodopsina, encargado de la adaptación de la visión en la oscuridad. Tomar muchas zanahorias no va a hacer desaparecer los lentes (gafas) de tu vida, simplemente mejorará tu agudeza visual en condiciones escasas de luz. Los betacarotenos tienen también un efecto antioxidante y son esenciales para la piel y las mucosas del aparato respiratorio.

16. Las ostras mejoran tu vida sexual
Casanova podía llegar a tomar 70 ostras al día. Este molusco tiene fama de afrodisíaco, la explicación más lógica es que tiene un alto contenido de zinc (52 mg/100g) mineral que favorece la producción de esperma y aumenta la potencia sexual masculina. Una docena de ostras contiene la dosis de zinc semanal. Sin embargo, los estudios científicos han demostrado que el efecto afrodisíaco está en la mente y no en el estómago. Si quieres probar… las almejas contienen cantidades nada despreciables (22mg/100g) y son mucho más asequibles.

17. Las grasas son malas
La obsesión por la delgadez de la cultura occidental, ha marginado las grasas o lípidos de nuestra alimentación con la excusa de que son alimentos muy calóricos (un gramo de grasa aporta 9,4 kcal). Sin embargo, es peligroso olvidar que los seres vivos dependemos de las grasas para vivir. Las vitaminas liposolubles K, A, D y E se ingieren con las grasas, los ácidos grasos esenciales o vitamina F (ácido linoleico y alfa-linolénico) no pueden ser producidos por el cuerpo y se aportan en los alimentos. Las grasas sirven de reserva para disponer de energía cuando no podemos alimentarnos (entrenamiento de fondo o resistencia, épocas de hambruna, etc.)

Para poder beneficiarte de las grasas sólo tienes que elegir las grasas más sanas (insaturadas), que son las que tienen los pescados de aguas frías (atún, salmón, sardina, caballa, etc.) y los aceites vegetales (aceite de oliva, de canola, frutos secos, aguacate, etc.) y evitar las grasas perjudiciales (saturadas) que aparecen en las carnes grasas, huevos, lácteos y derivados.

18. Si no entrenas el músculo se convierte en grasa
La excusa más socorrida para una incipiente barriguita de los/las que abandonan el gimnasio. Es un mito curioso si lo piensas: un tejido como el músculo, con células especializadas en el movimiento no puede transformarse en un tejido de reserva como el graso. Lo que ocurre es que si no hay entrenamiento y se siguen tomando las mismas calorías, se pierden fibras de contracción y el espacio que ocupaban se rellena con una capa de grasa extra. Si no te queda más remedio que dejar el entrenamiento, cuida tu dieta e intenta dedicar 10 minutos al día para hacer una tabla casera que te mantenga en forma.

19. Los ejercicios abdominales adelgazan
Seguro que tienes algún amigo/a que hace 500 abdominales al día y no ha perdido su barriga. Es muy habitual este error. Los abdominales mejoran el tono muscular de los músculos que sujetan las vísceras y la espalda (te ponen la “tripa dura”) pero no ponen en marcha el mecanismo que libera las grasas de reserva y las pone a disposición de los músculos. Hacer muchos abdominales incluso puede aumentar tu perímetro de cintura, al producir un mayor desarrollo muscular. Si quieres perder centímetros debes hacer ejercicios aeróbicos y dieta hipocalórica.

20. Hay que cambiar las rutinas de musculación, porque el músculo se acostumbra al ejercicio
Otra excusa metabólica para tumbarse en el sofá. Por supuesto que el cuerpo se acostumbra al ejercicio, por esta razón podemos correr 10 km seguidos cuando entrenamos y no pasamos de 100 m detrás del autobús cuando nos abandonamos. Sin embargo, el músculo no tiene células de memoria y no es capaz de saber qué hiciste ayer en el press de banca. Lo que sí ocurre, es que un músculo entrenado semanalmente va ganando en potencia y resistencia y cada vez es más eficaz, por lo que necesita menos esfuerzo para hacer el mismo ejercicio. Por esta razón, se recomienda ir variando los ejercicios para trabajar nuevas zonas y evitar lesiones por estrés o sobrecarga.

21. Se queman más calorías con más tiempo
Mucha gente piensa que el cuerpo tiene un reloj que cuenta los minutos de su entrenamiento: sólo después de que ha pasado una hora empiezas a quemar calorías. Sin embargo para alivio de los que disponen de poco tiempo para entrenar, se sabe que se queman aproximadamente las mismas calorías haciendo 8 km en 40 minutos que 8 km en 1 hora. La razón está clara, el primer tiempo corresponde a una mayor velocidad (12 km/h para el primer caso y 8km/h para el segundo). Cuanto más rápido vas, más energía necesitas para mantener el ritmo. Por lo tanto, si tienes poco tiempo, haz series de velocidad para aprovechar el entrenamiento, y si lo tuyo no es ir deprisa, aumenta el tiempo de tu entrenamiento.

22. Agua con azúcar para las agujetas, el molesto dolor muscular de aparición tardía
Hemos crecido tomando esta repugnante bebida con la esperanza de levantarnos a la mañana siguiente ágiles y sin dolor. Sin embargo, la experiencia demuestra que el agua azucarada no tiene efectos sobre las agujetas, principalmente porque las agujetas son microlesiones musculares que se producen en las fibras de un músculo no entrenado o sobrecargado. La mejor manera de prevenirlas es con un calentamiento inicial adecuado, evitando los esfuerzos que superen nuestro nivel de entrenamiento y con estiramientos exhaustivos. En caso de que hayan aparecido, prueba a aplicar hielo en la zona, masaje y estiramientos específicos a la zona muscular dolorida.

23. La sauna adelgaza
La sauna tiene muchos efectos beneficiosos para la salud, pero no vas a perder kilos que te sobran, por muchas saunas que tomes a la semana. Es verdad que la sauna es recomendable para adelgazar, básicamente produce un efecto principal: el aumento de sudoración que limpia y desintoxica porque elimina toxinas, mejora la respuesta inmune, elimina la retención de agua, etc. Si nos pesamos después de una sesión de sauna, lo más probable es que hayamos perdido medio kilo como mínimo, pero lamento desilusionarte, ese peso corresponde sólo a agua y en cuanto bebas (obligatorio después de una sauna) recuperarás los kilos perdidos. Es igual que correr con prendas de plástico, algo que no tiene sentido para adelgazar.

24. Los electroestimuladores adelgazan
Prometen el paraíso, pero aunque son una opción muy cómoda para mejorar tu tono muscular y recuperar las lesiones; no hacen que pierdas peso. Los electroestimuladores emiten corrientes eléctricas de baja intensidad que estimulan las conexiones musculares, es decir, producen un efecto sobre las células que es equiparable al movimiento o ejercicio anaeróbico que gasta ATP o glucógeno muscular. Sin embargo, no son equiparables al ejercicio aeróbico que moviliza los depósitos de grasa para disponer de la glucosa necesaria para mantener el ejercicio durante un tiempo elevado, por tanto aunque aumentan la masa muscular no eliminan los kilos que te sobran si no combinas con dieta y ejercicio aeróbico.

25. El deporte engorda
Quién dijo esta frase, no debía ser muy aficionado al ejercicio físico. Al realizar cualquier deporte aumentan las necesidades de energía para moverse, por tanto aumenta el gasto calórico en reposo (entre 25 y 100 kcal/hora). Si se hace un deporte suave como la marcha lenta se queman entre 50 y 100 kcal/h más, si se elige un deporte fuerte como la carrera a pie se pueden llegar a quemar hasta 1.000 kcal/h según la velocidad. La idea generalizada de que el deporte engorda se debe a que al ganar masa muscular se ganan kilos en la báscula, pero son “kilos limpios” sin grasa, y se suelen acompañar por una reducción de centímetros que se nota en una talla menos de ropa. No hay excusas para no hacer deportes.

Visto en SportLife, Septiembre 2001, Núm. 29.

LA DIETA MEDITERRÁNEA

AgroInformación. Ensalzada por los expertos por mantener a la gente delgada, saludable y longeva, la dieta mediterránea tiene seguidores en todo el mundo, pero es cada vez más ignorada en la región donde se originó.

Durante los últimos 45 años la famosa dieta basada en frutas y verduras frescas “ha decaído y se encuentra en estado moribundo” en su propia área, según un estudio del economista de la FAO Josef Schmidhuber.

La creciente prosperidad de la población en Europa meridional, el norte de África y Oriente Próximo ha producido un rápido deterioro de sus hábitos alimentarios, considerados en el pasado como un modelo para el resto del mundo, según las conclusiones de Schmidhuber. Su informe fue presentado en un seminario organizado recientemente por el California Mediterranean Consortium, formado por siete instituciones académicas de EE.UU y la Unión Europea para el seguimiento de los productos mediterráneos en el mercado mundial.

La población a orillas del Mediterráneo ha utilizado sus mayores ingresos para sumar una gran cantidad de calorías procedentes de carnes y grasas a una dieta que tradicionalmente era pobre en proteínas animales. Los alimentos que consumen ahora son “demasiado grasos, demasiado salados y demasiado dulces”, en palabras de Schmidhuber.

Más calorías

Entre 1962 y 2002, la ingesta diaria de calorías en Europa (en 15 países) se incrementó de 2960 kcal. a 3340 kcal. (cerca del 20%), pero en Grecia, Italia, España, Portugal, Chipre y Malta, que inicialmente eran países más pobres que sus vecinos del norte, el aumento del consumo de calorías fue del 30 por ciento.

“El mayor consumo de calorías y un menor gasto de las mismas han hecho que Grecia sea hoy el país de la Unión Europea con la media más alta de Índice de Masa Corporal, y la tasa más alta de sobrepeso y obesidad, asegura Schmidhuber. “Hoy en día –advierte- tres cuartas partes de los griegos tienen sobrepeso o son obesos”.

Más de la mitad de los italianos, españoles y portugueses sufren igualmente de sobrepeso. Al mismo tiempo se ha producido un notable incremento de calorías y carga glicémica en las dietas de los residentes del norte de África y Oriente Próximo.

Tragones

Ninguno de los países de la UE sigue la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la FAO de que los lípidos no sobrepasen el 30 por ciento del total del aporte energético de la dieta, pero España, Grecia e Italia sobrepasan ampliamente este límite y se han convertido en los mayores “tragones” de grasas en Europa.

El país que ha registrado el mayor aumento ha sido España, donde la grasa constituía tan solo el 25 por ciento de la dieta hace cuatro décadas, y ahora supone el 40 por ciento.

Schmidhuber atribuye estos cambios en los hábitos alimentarios a la mayor renta, pero también a factores como el desarrollo de los supermercados, los cambios en los sistemas de distribución de alimentos, el hecho de que las mujeres trabajadoras tengan menos tiempo para cocinar, y la costumbre de comer con mayor frecuencia fuera de casa, a menudo en establecimientos de comida rápida. Al mismo tiempo las necesidades de calorías han disminuido, la gente realiza menos ejercicio y se ha pasado a un tipo de vida mucho mas sedentario.

Como nota positiva, el informe señala que la población mediterránea consume ahora más frutas y verduras y más aceite de oliva.

Sin embargo, en general no siguen la dieta que sus antepasados idearon y que diversos países de la región quieren ahora que se incluya en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO.

NUTRICION EN EL TERCER MILENIO

El correo digital - Una persona sana no se define sólo por la ausencia de una enfermedad, también por su aspecto, su peso y su alimentación. Lo que comemos define en gran medida lo que somos, según puso sobre la mesa ayer Margarita Alonso, directora de la diplomatura de Nutrición Humana y Dietética, en el curso de verano 'Ciencia y salud'
-¿Nos alimentamos bien?
-La obesidad surge en los países desarrollados porque hay un aumento de la oferta alimentaria. Tal y como dice la Organización Mundial de la Salud se está convirtiendo en la epidemia del siglo XXI porque es causa del 66% de las muertes a nivel mundial y si no se interviene en el 2020 será del 73%.
-Una cifra muy elevada
-Sí. Pero además se está constatando que la obesidad está aumentando en todos los países pero que en España, sobretodo entre los niños, se ha incrementado de forma muy llamativa. A nivel infantojuvenil, se ha pasado de un 4,9% de la población que era obesa en 1984 al 13,9% que lo era en el 2000 cuando ya el 26% tenían sobrepeso.
-¿Qué causas justificarían ese ascenso tan fuerte?
-Hemos cambiado mucho. No sólo a nivel socioeconómico con la globalización de los mercados y por la influencia de la televisión, también por el sedentarismo. Por ejemplo, disponer de mando a distancia y no tener que levantarnos para cambiar de canal supone a lo largo del año dejar de recorrer unos cuantos kilómetros
-Para revertir esta situación, ¿qué tendríamos que hacer en el plano físico y en el alimenticio?
-A nivel alimentario lo único que hay que hacer es mantener una dieta saludable, con 4 ó 5 comidas diarias, porque cada vez que ingerimos alimentos se gasta un poco más y además se evita la sensación de hambre que lleva a comer más. Es mentira que se engorde más si se come más veces. También sería muy importante reducir las raciones y cambiar el tipo de alimentos. Por ejemplo, las grasas tienen más del doble de las calorías que los hidratos de carbono, pero cada día se consumen más porque los alimentos que las contienen son más fáciles de conservar y de recalentar.
-¿Cada vez tenemos menos tiempo para cocinar?
-Sí. El ritmo de vida y la desaparición del ama de casa como tal ha influido mucho en el cambio de dieta. En los estudios europeos antes siempre destacaba la calidad de las elecciones alimentarias de las mujeres españolas.
-¿La situación es igual en el medio rural y en el urbano?
-Sí. Hemos hecho un estudio nutricional con 5.127 niños de Castilla y León de 0 a 18 años de los medios rural, urbano y suburbano hay muy pocas diferencias.
-¿Qué papel debería jugar la escuela?
-Uno fundamental porque cada vez hay más niños que comen en los comedores escolares. Esos espacios deberían ser una verdadera escuela de aprendizaje sobre la forma de comer y el valor de una buena alimentación.

ADELANTOS EN NUTRICIÓN

Regulando el apetito con una hormona


Los bajos niveles de una hormona llamada leptina, que ayuda al cerebro a resistir a los alimentos tentadores, explicarían por qué quienes bajan de peso suelen tener problemas para mantenerse delgados...

Después de adelgazar, el metabolismo no sólo se vuelve más eficiente, por lo que el cuerpo necesita menos calorías, sino que el cerebro se vuelve más vulnerable a los alimentos tentadores.

Las zonas del cerebro que dicen al paciente que no coma parecen estar menos activas. Se responde más a los alimentos y se tiene menos control sobre ellos.

La leptina es un supresor natural del apetito segregado por las células grasas del organismo. Su descubrimiento hizo furor en la década de 1990, cuando investigadores hallaron que hacía que ratones comieran menos y perdieran peso. Pero esto rara vez sucede en los humanos. Desde entonces, los expertos están tratando de encontrar la mejor forma de usar la hormona para ayudar a tratar la obesidad.

Estudios previos mostraron que cuando las personas bajan de peso, los niveles de leptina se reducen, dado que el organismo trata de proteger sus reservas de energía.
Rosenbaum investigó el impacto de esta pérdida de leptina sobre los cerebros de personas que habían adelgazado y probó si reemplazando la hormona podía ayudarlos a mantener el descenso de peso.
El equipo analizó a seis pacientes obesos antes y después de que se sometieran a una dieta supervisada clínicamente para reducir su peso corporal un 10 por ciento.

Mediante imágenes por resonancia magnética, los investigadores observaron que después de perder peso, las zonas del cerebro responsables de regular la ingesta de alimentos estaban menos activas.

Cuando los expertos restablecieron los niveles de leptina a los de antes de la dieta, esos cambios se revirtieron ampliamente. Por esto, Rosenbaum cree que la leptina podría ser una herramienta útil para ayudar a las personas a mantener la pérdida de peso.

Actualmente investigadores del Reino Unido están desarrollando alimentos a los que les incluyen leptina.

Estos expertos afirman que aquellas personas que consuman estos productos a edad temprana podrían mantenerse delgadas durante toda su vida. Fuente: alimentacionsana.com