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INDUSTRIAS DE ALIMENTOS - NUTRICION

07 TÉ

BENEFICIOS DEL TÉ

Es una de las infusiones más consumidas en el mundo, pero no solo conquista por su sabor y aroma. El  también tiene múltiples beneficios para la salud. Conoce aquí cuáles son.

EN LA PREVENCIÓN DEL ALZHEIMER
Gracias a sus antioxidantes, el té verde es capaz de interrumpir un paso clave en el desarrollo del alzheimer, según encontró un estudio realizado por la Universidad de Leeds, en Inglaterra.

CONTRA LA DIABETES
Al favorecer la ingestión y la absorción de la glucosa, beber té frecuentemente reduce en un 20% la posibilidad de desarrollardiabetes tipo 2, encontró una investigación llevada a cabo por la Universidad Heinrich-Heine, en Alemania.

REDUCE EL ESTRÉS
¿Sufres de estrés? El té negro podría ser lo que necesitabas para relajarte. Esta bebida es capaz de disminuir los niveles de estrés, afirma el portal Huffington Post. Asimismo, ingerirlo de forma frecuente por unos 6 meses ayudaría a reducir la presión sanguínea. Por otro lado, el té verde podría combatir la depresión.

FUENTE DE JUVENTUD
El llamado té blanco, una variedad producida especialmente en China, es rico en polifenoles y según un estudio, al ser una gran fuente de antioxidantes podría reducir la aparición de arrugas al favorecer la producción de colágeno y la elasticidad de la piel.

PARA MANTENER UN PESO SALUDABLE
Aquí uno de los beneficios más célebres del té verde: su asociación con la reducción de peso. ¿La razón? Ayuda a la oxidación de la grasa.

LU YU EL SABIO DEL TÉ

Si a alguien tenemos que agradecerle cuando hablamos del té es a Lu Yu, quien además de legar su vasto conocimiento, quedó reconocido como el sabio del té en la historia China.

Lu Yu vivió entre los años 733 y 804 durante la dinastía Tang. Según los registros, cuando tenía 3 años fue adoptado por el abad de un templo que lo encontró abandonado a la orilla del lago.

El abad era un famoso monje budista que tenía amplia erudición en la cultura del té. Como demostraba gran interés, el monje le transmitió sus conocimientos, y  Lu Yu se inició en el arte del té a temprana edad.

Mientras estaba en el templo, Lu Yu aprendió literatura y escrituras budistas, aunque no llegó a ser monje. Después de dejar el templo siguió recibiendo educación y se convirtió en un hombre educado, conocedor y letrado, pero los años que pasó junto al abad influenciaron significativamente su carácter, demostrando escaso interés en la búsqueda de fama o cosas materiales.

Para Lu Yu, el té simbolizaba la armonía y la unidad misteriosa del Universo, por eso dedicó su vida al arte de té, e hizo una gran contribución al desarrollo de la materia.

Escribió el libro “Cha Jing”, la primera enciclopedia del té en el mundo, que fue traducida como el clásico del té. El libro cubre todos los aspectos del arte del té, incluyendo el origen del té, herramientas y métodos de recolección y procesamiento del té, utensilios, forma de hervir el agua, arte de apreciación, historias del té, distrito del cultivo del té y formas simplificadas y pictóricas de procedimientos del té.

La obsesión por la perfección del té, se refleja en una famosa historia de la época. En una ocasión, Lu Yu asistió a un importante evento de té. Emocionado por su asistencia, el anfitrión anunció: “Escuché que el agua de un área especial del río Yangtze es la mejor para el té, por lo que voy a utilizarla y justo ahora tenemos a Lu Yu, el más famoso especialista de té ¡Qué maravillosa casualidad! ¡Realmente la oportunidad de la vida!"

Entonces, el anfitrión envió a un saldado a conseguir el agua especial del río Yangtze. Mientras esperaban el agua, Lu Yu preparó cuidadosamente la vajilla para la ocasión.

Tan pronto el agua llegó, Lu Yu utilizó una cuchara para limpiar la superficie del agua y objetó: “Esta es el agua del río Yangtze, pero no de la zona correcta. Debe ser el agua de la orilla del río Yangtze”.

El soldado respondió rápidamente: "Esta agua la tomé yo personalmente y hubo muchos testigos”.

Lu Yu no respondió y sacó la mitad del agua. Luego utilizó la cuchara para barrer la superficie del lado izquierdo del agua y dijo alegremente: “Ahora sí es el agua indicada del río Yangtze”.

El soldado se sintió avergonzado y confesó: “Cuando conseguí el agua y llegué a la orilla del río Yangtze, el barco se sacudió y el agua se derramó. Sólo quedó la mitad del agua, así que la completé con el agua de la orilla del río Yangtze. Yo no sabía que usted pudiera notar la diferencia. Yo sinceramente ofrezco mis disculpas otra vez”.

Con una sonrisa, Lu Yu explicó al soldado que el agua de la orilla del río Yangtze contiene más sal y no es buena para el té. Todos sus amigos quedaron atónitos e impresionados por la capacidad excepcional de Lu Yu para diferenciar el agua.

La Gran Época 

HISTORIA DEL TÉ - 3

Por Graciela Cutuli

En la larga y sabrosa historia del té se mezclan sus orígenes chinos con el papel difusor de los navegantes portugueses y holandeses, que lo llevaron desde Oriente hasta el Viejo Continente y se convirtieron en consumidores habituales de esta infusión que se cree nacida por casualidad hace unos 4000 años. El té tuvo muchos rumbos: si, por un lado, ingresó en Japón y se ganó allí ceremonia y significado propios, por otro ancló también –aunque mucho después– en Gran Bretaña y desde allí se proyectó a su imperio y se coló por los más diversos rincones del globo, sin olvidar el litoral argentino, donde convive en verde armonía con la yerba mate. Pero cuando se habla de té inglés, o five o’clock tea, se está hablando de un ritual específico y férreamente arraigado en los hábitos anglosajones, al menos, desde los tiempos de la reina Victoria.

La tradición consagra al té en hebras, con una preparación para conservar aroma y sabor.

UNA TAZA PARA LA DAMA Tee o tea es la interpretación inglesa del tcha chino, bebida que impuso en la corte de Carlos II de Inglaterra su esposa portuguesa, Catalina de Braganza. Pero el té entendido como una completa merienda llegó más tarde, con la duquesa Ana de Bedford, que según se cuenta no podía resistir el ayuno habitual de los aristócratas desde el desayuno hasta la cena y comenzó la costumbre de pedir a sus damas de compañía que le llevaran un té acompañado de un tentempié. Era todo un lujo, por supuesto: por aquellos tiempos, una libra de té –alrededor de medio kilo– costaba en Londres más que el salario semanal de un obrero. Al principio todo era en gran secreto, en el dormitorio de la dama y lejos de ojos críticos e indiscretos. Pero poco a poco otras integrantes de la corte de la reina Victoria se fueron sumando y agregando al té los muy británicos bocadillos creados por el conde de Sandwich en el siglo XVIII para no despegarse de su mesa de juego. Los más famosos –y se dice que los favoritos de la reina Isabel II– son los de pepino, prácticamente idénticos a los muy argentinos sandwichitos de miga. Esta afición por los sandwiches de pepino fue uno más, según las malas lenguas, de los muchos desa-cuerdos que separaron a la reina de su nuera, la princesa Diana. El otro ingrediente esencial del té inglés son los scones, de estirpe escocesa y masa entre el bizcocho y la brioche.

Té y sandwiches de pepino, haciendo honor a un jugador conde inglés, parte del rito.

Mientras tanto, el té de las cinco iba ganando peso de ritual y sumando vajilla: cucharillas medidoras, teteras, tazas de porcelana cada vez más fina, infusores. Dice el código no escrito, pero firmemente transmitido, que la leche –si se agrega– debe ser fría y se puede echar antes en la taza, para evitar que algunas porcelanas casi transparentes se rompan con el agua caliente. Dice también que hay que calentar previamente la tetera y que el único té admitido como tal es en hebras, aunque millones de personas optan día a día por los prácticos saquitos, hasta hacerse con un 80 por ciento del consumo mundial... sin tener en cuenta tal vez que están rellenos de hojas pulverizadas que no se pueden utilizar en otras presentaciones más refinadas. En cuanto a las variedades y sabores, el Earl Grey es probablemente uno de los más célebres, con su perfume de bergamota, junto con el negro Darjeeling oriundo de la India, el Ceylan o el Yunnan: pero como sobre gustos no hay nada escrito –¿o hay demasiado?– lo mejor es que cada uno busque y encuentre su blend favorito. El auge de la infusión en los últimos años hace cada vez más fácil probar nuevas variantes de un clásico a toda prueba.

165 MILLONES Según las estadísticas, en Gran Bretaña se beben a diario unos 165 millones de tazas de té. Es un hábito cotidiano del hogar y del trabajo, que ahora también se toma como técena en su variante high tea. Pero durante una visita turística, ¿dónde se puede tomar un very british tea? Para los entendidos, uno de los mejores lugares de Londres es The Wolseley, sobre la avenida Piccadilly en el West End: este magnífico edificio nació en 1921 como show-

room de automóviles de la Wolseley Motors Ltd., con toques venecianos y florentinos pero también orientales. El escenográfico marco no bastó para evitar la quiebra de la compañía automotriz, de modo que el edificio pasó a distintos destinos hasta que reabrió hace diez años totalmente restaurado y convertido en nuevo templo del té londinense. En The Wolseley se sirve el té de la tarde entre las tres (son horarios ingleses, al fin y al cabo) y las seis y media, según el día de la semana: las bandejas de los comensales se verán adornadas con sandwiches, scones, pastelería y una buena selección de diferentes tés. Todo por módicas 22,5 libras por persona (unos 170 pesos argentinos, no muy lejos del costo de tomar el afternoon tea en el porteño Hotel Alvear). Siempre en Londres una buena (y más informal) alternativa es un salón que abre sólo los fines de semana, Time for Tea. Ambientado como en los años ’40, queda en el este de la ciudad y ofrece degustar té al ritmo del jazz, en un ambiente que mezcla mesas y sillas de distintos diseños, con una gran mesa rectangular de uso común. La capital británica tiene otra propuesta original en el Berkeley Hotel, creador del Prêt-à-Portea, ideal para las fashion victims: es un té vespertino bastante tradicional, pero cada uno de los dulces que acompañan la bandeja están “tuneados”, según algún aspecto clave de la moda de la temporada. Como el bizcocho de chocolate a lo Burberry, la torta Stella McCartney o la minitorta cartera Valentino. Y los mozos pueden exhibir en foto las creaciones originales que inspiraron su versión en pastelería.

Un tanto más bizarra, sin duda, resulta la experiencia del té en The Tea Cosy de Brighton, en el sur de Inglaterra, que se define como “excéntrico, delicioso e inusual”. El sitio es conocido por su extensa memorabilia de la familia real británica, que se extiende a los títulos de la carta: un huevo con tostadas es un “príncipe Harry”, dos tostadas con paté o mermelada son “Carlos y Camila”, una porción de torta es la “princesa Margarita” y una selección de finger sandwiches llamada “Palacio de Buckingham” incluye junto con la infaltable taza de té bocaditos de salmón ahumado, queso y chutney y pepino. Cuestión de los nuevos tiempos, hay también una bandeja vegetariana consagrada a “William y Kate”, además de un high tea dedicado a la princesa Diana. Por las dudas, los más recalcitrantes a la tradición inglesa pueden elegir un café, una gaseosa, chocolate o jugos de frutas.

Claro está que hay muchas formas de ser inglés, y el punk es una de ellas. Por eso, quienes quieran alejarse de los resplandores de la realeza pueden probar una experiencia completamente diferente en Liverpool, ciudad obrera que vio nacer a Los Beatles y que mantiene su espíritu deliciosamente rebelde. La cita es en el Leaf Tea Bar, situado en el Elevator Building, un edificio bohemio frecuentado por artistas de toda laya: si por la tarde es un salón tranquilo y discreto, a medida que llega la noche el té se transforma con música tecno, cine y arte. Nada apropiado para los puristas, es ideal para los que quieran darle un sacudón a la vieja costumbre del té. Bastante más tradicional, pero muy agradable, es el té de la tarde en el Hard Day’s Night Hotel, un establecimiento temático dedicado –no hace falta aclararlo– a los cuatro hijos más famosos de la ciudad y abierto a sus pasajeros y cualquier otro visitante. Aquí el afternoon tea incluye sandwiches, scones, crema, tortas y té; el high tea agrega varias delicias más y una copa de champagne. Ideal para el atardecer de un día agitado, bien acompañado por la música de John, Paul, George y Ringo.

UNA HISTORIA DEL TÉ - 2

Por Alba Aguilar

Tomar el té es una actividad y tradición milenaria. Hoy en día, para muchos es unmust tomar una taza para empezar bien el día. La importancia y popularidad que tiene esta bebida se debe a las diferentes propiedades que aportan tantos beneficios a la salud, por supuesto que los primeros productores sabían de estas cualidades.

Existen diferentes leyendas que cuentan su origen. Una de las más populares se remonta al año 250 a.c., cuando el emperador Shen Nung mandaba hervir el agua para su consumo, por higiene. Un día, cuando descansaba en su jardín, una brisa provocó que las hojas de los árboles cayeran en el agua que se estaba hirviendo. Al emperador le llamó la atención el aroma que desprendía la infusión y despertó su curiosidad de probarla. Después de tal descubrimiento, el emperador ordenó plantar extensas cantidades de aquel árbol.

El té en la cultura china es un elemento de tradición, cultural y parte de las ceremonias. Cuando llegó a Japón fue adoptado por la filosofía Zen, lo que eliminó su vínculo con lo religioso y se convirtió en un rito que buscaba elevar la espiritualidad, los valores humanos y la apreciación por la naturaleza.

La popularidad del té aumentó con su llegada a Europa. Los portugueses llegaban a Lisboa con cargamentos de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales que se encargaba de entregarlo a países como Holanda, Francia, Italia, Alemania, Rusia e Inglaterra.

En el caso específico de la ciudad de Londres, Thomas Garraway fue el primer comerciante en anunciar la venta del té en 1658. El anuncio decía: “La excelentebebida de China probada por todos los médicos y llamada Tcha, Tay por otras naciones, o más conocida como té, de venta en Sultaness Head”. Durante el siglo XVIII ésta bebida era más popular que en el Reino Unido, aún sobre la cerveza y la ginebra.

Fue hasta la guerra civil que el té perdió su fama. Años después de finalizado el conflicto la gente retomó la costumbre de tomar el té por la tarde, y empezaron a surgir nuevos establecimientos para su consumo.

Actualmente solemos llamar té a todas las infusiones que tomamos, pero es un término equivocado. A esas infusiones se les llama tisanas o infusiones herbales/de hierbas. Se le llama té solamente a la infusión de las hojas de la planta Camellia Sinensis. Las variedades del té varían de acuerdo a los procesos de cosecha, oxidación y fermentación de ésta especie:

Blanco: Se elabora con los los primeros brotes del arbusto y se dejan secar sobre paños de seda.

Verde: Las hojas se tratan al vapor, se trituran y se secan.

Rojo: Las hojas se fermentan parcialmente.

Negro: Las hojas se secan en parte y se exprimen antes de fermentarlas y desecarlas.

Los blends son aquellas mezclas que tienen como base un tipo de té y se le agrega otro tipo de ingrediente para la creación de nuevos sabores y aromas.

Los mayores productores de té son China, India y Kenia, en donde se cosechan distintas variedades. Actualmente, los provenientes de las regiones indias Darjeeling y Assam son los más refinados del mundo.

Datos curiosos:

-Thomas Lipton fue el primero en patentar la bolsita de té.

-El té helado surgió en 1904, como creación de Richard Blechynden.

-Chile es el mayor consumidor de té en America Latina.

-El día internacional del té es el 15 de diciembre.

NOTA: INFORMACION DEL LIBRO - HISTORIA DEL TÉ PUBLICADO POR EL INSTITUTO DE LOS ANDES - EL DIVINO JADE QUE UNIO LAS CULTURAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

SERIE: HISTORIA DEL TE

Por Érika Hernández Jiménez.
Docente de Universidad ETAC, campus Coacalco.

EL MEJOR LIBRO DE LA HISTORIA DEL TÉ - INSTITUTO DE LOS ANDES - LIMA- PERÚ

China, año 2737 antes de Cristo.
“Un día de mucho calor, el emperador Shen–Nong, descansaba a la sombra de un arbolito; tuvo sed y, según una nueva costumbre, se puso a hervir un poco de agua. Pero he aquí que, de pronto, se levanta una ligera brisa, refrescante… el arbolito tiembla de gozo. Arrebatado ya por la inspiración, el emperador se propone componer algún poema. Entonces,  tres hojas se desprenden del árbol y dan vuelta unos instantes antes de posarse sobre el agua trémula.

Shen-Nong espera un poco y luego, por curiosidad, acerca sus labios a esta infusión nacida del azar: ¡jamás había probado un néctar semejante! El arbolito silvestre y sin nombre,  a cuya sombra se había dignado sentarse el último de los augustos, se convirtió, en lo sucesivo, en el té.” (El libro del amante del té, de Sabine Yi, Jacques Jumeau-Lafond y Michel Walsh, Historia de Té de Jaime Ariansen Céspedes).

Ya sea que este relato nos parezca suficiente para entender la historia del té o no, la realidad es que esta bebida se ha popularizado mucho en las últimas décadas. Y no es sólo que a las cinco de la tarde los ingleses tengan la sana costumbre de tomar su respectiva taza o que en oriente sea una bebida fundamental. Es que junto con el café, al menos en México, se ha vuelto una bebida cada vez más consumida entre los amantes de los brebajes calientes, que ahora se toman fríos, frappés, frutales, de hierbas medicinales o con base en infusiones de té negro, verde, rojo o blanco a veces mezcladas con aromas varios.

¿Hay diferencia entre el té y la tisana?
Los tés son de cuatro variedades: blanco, verde, negro y rojo (Oolong) que provienen de las hojas de la Camellia sinesis sus diferencias provienen del grado de fermentación de las hojas de esta planta. Cuando las hojas están menos fermentadas se conserva el color verde, la mayor fermentación logra la tonalidad rojiza y al dejarse oxidar se logra no sólo un color más intenso, el negro, sino también un sabor más fuerte. Para el té banco se toman las hojas verdes más tiernas con diminutos pelos blancos que logran un té con sabor mucho más suave. De estos cuatro tés, el verde es el que mayores propiedades tiene por sus cualidades antioxidantes.

Y las tisanas están hechas a base de hierbas, no la Camellia sinesis, semillas, extractos frutales o florales, frutos secos, cáscaras, ejemplos de tisanas son la Jamaica, menta, canela, azar, manzanilla. Algunas de ellas, debido a sus efectos naturales y benéficos sobre el organismo son consideradas como de efectos medicinales. 

Recomendaciones para preparar té:
- Colocar las hojas o bolsas de té o tisanas después de que el agua ha hervido y mantener entre 30 segundos y cinco minutos antes de retirar del agua.
- No exprimir ni las hojas o bolsas antes de sacar del agua, pues esto provoca un ligero sabor amargo en la infusión.
- Acompañar con limón, leche o nada, según el gusto. De preferencia omitir el azúcar, ya que esto disminuye el sabor de la infusión.

UNA HISTORIA DEL TÉ

El origen mítico del té

Hay tres países principales donde la tradición del té es más acusada, son China, Japón y la India, que son la cuna del cultivo de las variedades del té más extendidas en el Mundo.

Pero hablar del origen del té nos obliga a centrarnos en China.

El té está asociado a la cultura china desde sus inicios, tanto es así, que el nacimiento del té es mitológico. Esto se lo debemos al Emperador mítico Shen Nong (2738-2696 a.C.), perteneciente al período legendario que la historiografía ha denominado de los Tres Augustos y los Cinco Emperadores, pertenecientes a la dinastía Xia, que bajaron a la tierra cuando Pangu se paró a descansar, que según el mito creó el universo separando el cielo de la tierra.

Al Emperador Shen Nong, también llamado el Agricultor Prodigioso, en la mitología china le presentan como el inventor de la Medicina y de la Agricultura, y se le adjudica la escritura de libros como “Clásico de las raíces y hierbas” y el “Herbolario (Pen Tsao) o Compendio de materia médica”, donde se enumeran todos los animales, plantas y otros productos naturales, entre ellos el té, con sus correspondientes propiedades medicinales. Desde entonces, China comenzó a practicar la medicina tradicional y todo el desarrollo subsiguiente se basa en este compendio.

  • Las fuentes

Antes de relataros el mito sobre el té, me gustaría hacer un inciso en relación a las fuentes en las que encontramos los mitos, son principalmente fragmentos breves en obras de Historia, filosofía o literatura, así podemos mencionar “Investigaciones en el mundo de los espíritus y las divinidades” del siglo IV d.C., “Libro del maestro Lie” o la “Historia general” del historiador Sima Qian (145-90 a.C.) y no podemos dejar de mencionar “Libro de los montes y los mares” iniciado entre el siglo VI y II a.C., obra que se revisó y se reescribió a lo largo de varios siglos.

  • Mito sobre el origen del té

Se cuenta que el Emperador viajaba con su escolta y que después de tan largo viaje decidió descansar a la sombra de unos árboles para protegerse del sol y se sentó bajo un arbusto que no conocía. Entonces pidió un tazón de agua hirviendo, ya que tenía sed y era el único remedio que conocía para apagar la sed. Se lo llevaron y en ese momento cayó una hoja en el tazón del Emperador, de lo que no se dio cuenta y cuando comenzó a beber observó que desprendía un aroma a la vez dulce y amargo. Inspeccionó el fondo de su tazón y encontró la hoja culpable de ello. Y así, fruto de la casualidad nació el té.

Como vemos el origen del té nos lleva a tiempos remotos, pero que nos ayuda a ver, como nos cuenta Kakuzo Okakura en su obra “El libro del té” que el primer uso del té fue medicinal y fue más tarde cuando se extendió la costumbre de beberlo, y aunque en la cultura occidental hoy en día se vea mayoritariamente como una simple bebida o infusión, hemos de señalar que en la oriental no es así, podemos observar la importancia tanto socioeconómica, cultural y medicinal en las ceremonias china y japonesa del té, por ejemplo. Y debemos recordar que Shen Nong, al que tienen como inventor del té es también el inventor de la Medicina y de la Agricultura. Mito y realidad se funden alimentando el misterio y la magia que envuelven al té.

HISTORIA DE LAS CASAS DE TÉ

Como muchas de las cosas que nos rodean, las casas de té tienen su origen en una práctica oriental, concretamente en una costumbre japonesa conocida con el nombre de Ceremonia del té (Cha-no-yu). Se trata de una tradición que se originó en el siglo XIII, cuando los samurais japoneses comenzaron a tomar matcha, un tipo de té verde que se extraía de la planta del té negro. Para conocer los orígenes y la historia de las casas del té hemos de conocer la tradición japonesa del Cha-no-yu o Ceremonia del té.

1. La Ceremonia del té Como decíamos, los pilares de la Ceremonia del té se pusieron desde el momento en el que los samurais comenzaron a aficionarse al machta, en el siglo XIII. A esto hay que sumarle el budismo Zen, la versión japonesa del budismo.

La Ceremonia consiste en preparar y servir el té, pero lejos de hacerlo de forma árida, como cualquier otra actividad cotidiana, esta práctica adquiere en Japón un valor solemne, en el que la humildad, la naturalidad, la simplicidad, la moderación, etc. hacen acto de presencia.

La Ceremonia del té tiene una duración de cuatro horas, si se hace entera (en este versión recibe el nombre de Cha-ji). En este caso, no se limita a la simple preparación del té, sino que incluye el kaiseki, que es una comida ligera, el usucha, la toma de un té ligero y la koicha, que es un té más espeso y pesado. Por último, la persona encargada de la ceremonia ha de estar familiarizada con una serie de saberes tradicionales, que abarcan tanto los conocimientos sobre los tipos de té y su producción, como el kimono, el arreglo floral, la caligrafía, el incienso, etc.

2. El papel de la casa de té Es en el contexto de esta solemne ceremonia en el que se puede entender el origen de las casas de té. Estas eran pequeñas cabañas situados en los jardines de las casas japonesas, en las que se realizaba la Ceremonia del té. La cabaña está fabricada con materiales naturales, siendo de techo bajo, de tal modo que las personas que participen en la ceremonia tengan que entrar de rodillas, olvidándose así de su orgullo e impregnándose de humildad. Para entrar en la casa, los invitados han de descalzarse y ponerse los tabi, unos calcetines blancos. Las casas de té suelen estar adornadas con flores naturales, las cuales varían en función de la estación del año, los llamados chabana. Además de estos, la alcoba (tokonaba) está adornada con un rollo, que cuelga en la pared. Este puede ser de caligrafía o una pintura. http://infusiones.lacasadete.es

LA HISTORIA DEL TÉ

Edmundo Domínguez Aragonés - En la leyenda, un equis día el emperador chino, erudito y sabio, Shen Nung, descansaba al pie de un árbol de té silvestre y en esas una ligera brisa agitó las ramas y algunas hojas cayeron en el agua que estaba hirviendo y, al beberla, después de enfriada el agua, "le resultó deliciosa y reconstituyente". La anécdota aconteció en el año 2737 antes de Cristo.

El emperador Nung, durante su reinado promovió los beneficios del té, ya que, antes, una de sus sabias normas es la que dispuso que durante su reinado "toda agua para consumo humano fuera previamente hervida". Nung se adelantó a Louis Pasteur miles de años antes.

El té es conocido por los europeos por vez primera en la India cuando los portugueses la invadieron hacia 1497. En la India era la bebida nacional.

El primer cargamento de té llegó a Amsterdam, Holanda, en 1610 por iniciativa de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales y de allí pasó a Inglaterra. El té negro se puso como bebida de moda en los cafés de Londres, en 1652. Las reuniones en los cafés londinenses favorecieron la creación de los partidos políticos en Inglaterra.

En Francia, antes, en 1635 apareció la bebida "que era del gusto del Rey y su corte" y pronto "el pueblo comenzó a beberlo", aunque escasamente, ya que los franceses preferían el café. Luego, entre 1720 y 1730, adquirió notoriedad en Europa y se inició el trato directo con China para surtirse de la planta en los puertos de Amoy y de Cantón en China, al cual acudían los mercantes europeos.

"En Japón, los samuráis lo bebían ritualmente, tomando la vasija del té con las dos manos, llevándosela a la boca y dándole tres sorbos".

En la actualidad el té es la segunda bebida consumida en el mundo, después del agua.

Hoy, en París, en el Museo Guimet, se están exponiendo, hasta enero de 2013, 257 piezas de cerámica y una quincena de pinturas que representan el 50 por ciento de las obras conocidas en relación a la historia del té, que han sido elegidas por el curador de la muestra Jean-Paul Desroches.

Dice el experto: "El evento revela cómo a partir del siglo XVII, el esplendor de la dinastía Qing convirtió el té y la porcelana que le acompañaba en el centro de un comercio de difusión internacional, desde la Corte de Rusia a Persia, pasando por Mongolia, sur de Europa y Estados Unidos".

Los ingleses instituyeron la hora del té, a las cinco de la tarde. El ritual cotidiano durante el cual se bebe té negro que se acompaña con pastitas o galletas de mantequilla, algunas con una cereza en el centro. Si se es invitado a la hora del té, esto representa confianza y amistad y más cuando se trata de un extranjero.

En México, el consumo del té comenzó hacia 1920, ya concluida la Revolución de 1910, habiéndose relajado la sociedad que había padecido la guerra civil. Algunos miembros de la alta burguesía, que habían viajado a Inglaterra, adoptaron la hora del té en la época de Porfirio Díaz, aunque en pocas mansiones de la Ciudad de México.

Díaz no bebía té, ni café ni alcohol ni fumaba. Era un asceta en ese comportamiento. Era el poder su reconstituyente.

El té de las cinco se bebía en el Jockey Club, ubicado en el Paseo de la Reforma, y a la degustación acudían los miembros de la clase gobernante con ínfulas sajonas. Díaz era afrancesado y ese ritual le molestaba.

El té llegó a México en la Nao de China. Nao en latín navis quiere decir barco, galeón. Tras el encontronazo y la colonización, España estableció una ruta marítima que iba de China al puerto de Manila, en Filipinas y de ahí a los puertos de Acapulco y Las Peñas, hoy Puerto Vallarta, en el siglo XVI. Lo que se desembarcaba era telas de seda y vajillas, muebles de laca y almohadas de seda y oro, y algunas pacas de té.

La última Nao de China zarpó de Acapulco en 1815, avanzada ya la Revolución de Independencia. Nadie registró el hecho ya que todos estaban en armas y el padre Hidalgo y Morelos habían sido ejecutados y al ya emperador Agustín de Iturbide, "le disgustaba el té y prefería la taza de café acompañada de un buen trago de coñac y un cigarro habano".